El Diagnóstico
Autor: Alicia Molina
Fuente: Editorial de la Revista Ararú, Nov. 02- Ene 03
N.E. Título asignado por A. Couret

Sentí el dolor como agua que penetra en la arena, silenciosamente, hasta llegar al centro de mi ser.

Así recordamos muchas parejas el momento del diagnóstico, como un momento de dolor profundo. Como una ola inmensa que se deja venir sobre nosotros, provocando un instante de pánico y parálisis para luego dar lugar a las únicas tres opciones que tenemos frente a la furia del mar. Una, dejarnos arrasar; dos, darle la espalda y huir despavoridos en una carrera sin sentido porque, finalmente, la marejada nos alcanzará.

Y la tercera opción: dar la cara, tomar aire y reunir todos nuestros recursos para enfrentar la ola, para cruzarla, dejarnos empapar por ella, atravesar el dolor y salir, mucho más adelante, fortalecidos por la experiencia.

Darle la cara a la ola no es un acto temerario o de arrojo, implica enfrentar y asumir nuestra vulnerabilidad y, paradójicamente, ahí mismo encontrar nuestras verdaderas fortalezas.

Sólo así podemos ver que el diagnóstico es, también, el momento donde cede la incertidumbre y se abren alternativas nuevas, el momento de generar una red de aliados y abrirse a un crecimiento nuevo y distinto.

Aceptar tiene algo de renacer, no se da en lo abstracto, en los pensamientos o en las puras sensaciones, está enraizado en lo concreto, en los cuidados cotidianos de ese bebé que empezamos a conocer y a amar, en las respuestas que se atisban, en el diálogo que se inicia, en los pequeños y grandes logros que conquistamos juntos, en la solidaridad de los nuestros y de esos otros, - los médicos, los terapeutas, los maestros - que, lentamente, también se van haciendo nuestros.

El del diagnóstico es un momento imprevisto, no elegido pero sí afirmado, un momento para decirle, de nuevo, sí a la vida.

Alicia Molina.
Diciembre 2002

 

 

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